"Pequeña teología de la lentitud"

"Como a todo el mundo, me horrorizan las esperas en las oficinas de correos o en los consultorios y no soporto las colas burocráticas que nos obligan a hacer, pero a pesar de todo no dejo de esperar lo inesperado" Edgar Morin

El cap de setmana passat vaig llegir "Pequeña teología de la lentitud" de José Tolentino Mendonça. Un llibre petit que es llegeix en una revolada, i em sap greu dir revolada perquè contradiu el títol, però la veritat és que a part de ser fàcil de llegir, és un preciós exercici de circumspecció que permet endinsar-se en coses que no acostumem. Molt agraïda. Passo alguns fragments:

Necesitamos reaprender el aquí y ahora de la presencia

Nuestras vidas son un receptáculo del don

En cuestiones de tiempo, la vida es completamente artesanal

Nuestra historia empezó antes que nosotros y nos sobrevivirá. Somos el resultado de una cadena innumerable de encuentros, de gestos, de buenas voluntades, siembras, caricias, afectos.

El perdón es una declaración unilateral de esperanza (...) instala un corte positivo, interrumpe la baba inútil de la tristeza, esa maceración que nos hace desgraciados (...) con frecuencia aprovechamos el dolor para instalarnos en él. Preferimos hurgar en. la herida, comer a diario el pan de nuestras miserias, en vez de tener sed de belleza.

Lo importante es saber, con una seguridad innegociable de lo más hondo del alma, si estamos dispuestos a amar la vida tal y como se nos presenta.

La compasión nos libera del peso del pasado o de las idealizaciones del futuro: nos ancla vitalmente en este instante, el que nos ha tocado vivir

Lo peor que nos puede pasar es invertir en una vida altamente productiva, pero que ha perdido la capacidad de asombro, la posibilidad del gozo.

Un rasgo que caracteriza la alegría es el hecho de que no nos pertenece. Simplemente irrumpe y nos atraviesa

Nuestra sociedad, que muestra una credulidad beata respecto a la técnica y a todo cuanto proviene de ella, practica un agnosticismo militante en relación con las posibilidades de todo ser humano de concebirse y realizarse felizmente.

El deseo es literalmente insaciable porque aspira a algo que no puede poseer: el sentido. En esta línea, el deseo no se sacia, sino que se intensifica.

Al borde del final hay siempre muchas cosas que comienzan.

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