dilluns, 29 d’agost de 2011

La neurosis. Psicoterapia y logoterapia

 Del libro de Viktor Frankl : " La presencia ignorada de Dios. Psicoterapia y Religión"

 Allí donde el yo espiritual penetra y se mueve en una esfera inconsciente, como en su propio terreno, puede hablarse respectivamente de conciencia, amor o arte. Allí, donde por el contrario, el ello psicofísico, hace irrupción en la conciencia, hablamos de neurosis o de psicosis.

De las neurosis obsesivas a nivel no colectivo, sino individual, e incluso de  toda neurosis pura  y simplemente, puede en no pocos casos decirse esto: En la existencia neurótica se venga de si misma, la deficiencia de la trascendencia.

Existe una religiosidad latente aún en las personas declaradamente irreligiosas. Efectivamente, el médico con fe, no solo se limita a creer en su Dios, sino que juntamente cree también en la fe inconsciente del enfermo.
La logoterapia ni puede ni desea sustituir a la psicoterapia, sino solo completarla. No es moralizadora en su práctica, por la sencilla razón de que el sentido no puede prescribirse. El médico no puede dar sentido a la vida del paciente. El sentido no puede ser dado, sino que hay que encontrarlo.
Para la logoterapia, logos es equivalente a sentido. Efectivamente, la existencia humana sale de si misma en cuanto que apunta a un sentido. Así el ser humano en su existir no va tanto en pos de placeres o de poder, ni siquiera de una plena realización de si mismo, como llenar su vida de sentido. Por eso en la logoterapia hablamos de una voluntad de sentido.

La religión no es ningún seguro con vistas a una vida tranquila (…) La religión es algo más que un simple medio de evitar a la gente úlceras de estómago psicosomáticas (…) Ahora bien, por más que la religión sea, según su intencionalidad primordial, ajena a toda curación o profilaxis de tipo médico, sucede que en sus resultados, y no según su intención, produce efectos psicohigiénicos e incluso psicoterapéuticos, al originar en el hombre un sentido de alivio y anclarle en algo que no ha podido hallar en otra parte, a saber, en la trascendencia en el Absoluto. Por otra parte, también en la psicoterapia podemos ver que se da a veces, sin haberlo pretendido, un efecto análogo al que acabamos de describir, cuando en ciertos casos particulares, el paciente en el curso de su tratamiento, se remonta a las fuentes, durante mucho tiempo cegadas y escondidas, de una fe primordial, inconsciente y reprimida (…) La dimensión en que avanza el hombre religioso es por tanto superior, tiene una mayor amplitud que la dimensión en que se desenvuelve algo como la psicoterapia. La irrupción de una dimensión en la otra más elevada no se da en un conocimiento, en un saber, sino en la fe.

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